miércoles, 30 de diciembre de 2015

La trágica leyenda del Calero.

Pozo Calero
Pozo Calero

El Pozo Calero trajo prosperidad al valle, pero desde sus primeros años de historia siempre exigió su tributo en sangre, aumentando con los años una leyenda salpicada de accidentes y muertos. Las minas de Barruelo ya eran consideradas en el siglo XIX como especialmente peligrosas por su contenido en grisú que podía matar por asfixia, cuando la bolsa de gas volvía irrespirable la atmósfera minera, o por explosión, cuando una fuente de calor servía de detonante. Pero esa condición se agravó a raíz del inicio de la explotación en el Pozo Calero. 
Desde los primeros años se produjeron en el pozo de Barruelo unas extrañas explosiones muy distintas a las hasta entonces conocidas en la minería española; para que se desencadenase la explosión no era necesaria ninguna chispa ni fuente de calor, por eso se consideraban explosiones en seco. Cuando los mineros barruelanos se encontraban con el grisú variaban la temperatura y presión en que el gas llevaba encerrado más de 300 millones de años y se desencadenaba una explosión de forma instantánea que podía estar acompañada de la proyección de carbón y estériles.
A este tipo de explosiones se les ha denominado Desprendimientos Instantáneos de Grisú , y aunque eran frecuentes en las cuencas belgas de Borinage y Charleroi, en España se desconocían hasta que empezaron a producirse en el Pozo Calero.

Pozo Calero
Pozo Calero

Por aquellos años existía una comisión encargada de investigar y prevenir los accidentes por gases en las minas, bajo la dirección de Enrique Hauser esta comisión realizó al menos tres visitas a las minas de Barruelo en 1921, 1923 y 1930 y propuso varias medidas para prevenir y paliar los efectos de los desprendimientos instantáneos. Como consecuencia de la peligrosidad del pozo en él se adoptaron sistemas de laboreo novedosos como el de bancos, cuyo origen está en Barruelo. Pese a las medidas correctoras, los Desprendimientos Instantáneos de Grisú fueron una constante en la vida del pozo, se demostró que a mayor profundidad, más facilidad para que estos se desencadenasen con lo que a medida que se explotaban los niveles inferiores, los accidentes se sucedieron con más frecuencia.

El grisú no era el único gas mortal que los mineros podían encontrar en la mina; el monóxido  y el dióxido de carbono o el sulfito de hidrógeno eran otros de sus enemigos. Pero no solo los gases eran causa de accidentes, los derrabes y undimientos, los aplastamientos en los transportes o miles de indicentes desgraciados forjaron la trágica leyenda del Calero.
Varios accidentes sobresalen de esta negra lista y quedaron en la memoria colectiva como los 10 mineros muertos el 3 de mayo de 1930, cuando entre el nivel 180 y 230, en la llamada zona rica, una gran emanación de gas grisú hizo que muriesen de asfixia. O el accidente del 21 de abril de 1941, en la capa novena, donde una explosión fue la causante de que 18 jóvenes barruelanos perdiesen la vida. La historia de muertos acompañó la vida del Calero hasta su cierre definitivo y el 14 de noviembre de 1997 se produce el accidente en el que muere Juan Carlos Provedo, último minero muerto en el Pozo Calero y punto final de una larga lista de más de 80 nombres.

(Texto de Fernando Cuevas Ruiz)